Carta a la EMTG

fotoamor

Mi queridísima Escuela Madrileña de Terapia Gestalt,

¡Qué decir! Cómo agradecer tanto vivido, sentido, expresado… Cómo poner en palabras la vida que me habéis despertado que me habéis dado.

Tiempo de agradecimiento, tiempo de reconocimiento.

Mis queridos profesores, cada uno de vosotros no me ha enseñado nada que no quisiera aprender.

Como buenos profesores no enseñáis nada, sino que despertáis con vuestra actitud las ganas de aprender a ser. Porque eso es lo que fundamentalmente me llevo. Con vosotros aprendí, aprendo y aprenderé a Ser quien he venido a Ser. Y me lo mostráis cada día con la actitud de Presencia, de ser quienes sois. Con toda vuestra calidad y verdad humana que nos habéis ofrecido, siempre.

Me habéis mostrado el verdadero y profundo sentido de la responsabilidad, de dar la cara con lo que siento, pienso y hago. Me habéis abierto puertas al cielo y al infierno, habéis transitado conmigo y nunca, lo repito, NUNCA me habéis hecho el trabajo. Me he sentido íntegramente respetada en mi Ser Humana. Nunca me hicisteis el trabajo, siempre me disteis el espacio para hacerme cargo de mí y dar la cara.

Ojalá pudiera encontrar una forma de agradecer, de devolveros cada segundo de conciencia que me habéis regalado, generosamente, en vuestra forma de estar y el compromiso con el profundo hecho de estar vivo. Con lo que eso supone.

Cuando pienso en mi paso por la Escuela no puedo dejar de pensar en el mito de Deméter y Perséfone. En ese momento en que Perséfone es raptada por Hades (el rey del inframundo) y llevada a la oscuridad. Y Deméter (la madre, la madurez) se enloquece en la pérdida y hace todo lo posible por recuperar a Perséfone (la hija, la juventud, la inocencia).

Después de pasar por muchas pruebas, Deméter encuentra la manera de convencer a Zeus (el padre, el principio de realidad) para rescatar a Perséfone con ayuda de Afrodita (la sensualidad, la libertad).

Cuando vuelve Perséfone de la oscuridad, su madre le pregunta si ha comido algo en el infierno y Perséfone dice que sí, que una fruta de granada.

Y ahí están las palabras de Deméter: entonces una vez cada cierto tiempo volverás al inframundo. Y la recibe con un abrazo maduro.

¡Qué bendición de la madurez y de la escuela! Perder el idealismo, bajar a tierra, vivir con lo que hay.

Gracias, Paco, por abrirme la puerta de la escuela y mostrarme el camino del no hacer y de Dioniso.

Gracias, Annie, por abrirme la puerta de Ciparh y confiar y apoyar incondicionalmente mis posibilidades verdaderas.

Gracias, Águeda, por mostrarme el camino del conocimiento y enseñarme a fiarme de mi intuición.

Gracias, Enriquem por mostrarme el principio de realidad y a distinguir entre tener juicio y juzgar.

Gracias, Susana, por ser el alma de la escuela, por hacer posible la alquimia de lo práctico, con humanidad y sentido común.

En definitiva, gracias por darme de comer el árbol de la vida, que dio lugar a semillas y frutos de los que me alimento.

 

Amor Hernandez

Alumna de VI promoción

 

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