Paco, Annie, Enrique y Águeda, en sus 25 años de docencia…

Mi encuentro con la EMTG
lolasanchez
“Mis queridos maestros de vida…”

La Escuela fue siempre para mí un refugio, desde niña en la Unitaria de mi Pueblo, Oliva de la Frontera (Badajoz). Pasaron los años y mi vida estaba encauzada, viví en la realidad que yo misma había ido construyendo paso a paso y sentía que todo estaba bien.

Dejé Psicología sin terminar por una pelea bastante fuerte que tuve con la Directora del Departamento de Psicodiagnóstico de la UAM, Rocío Fernández Ballesteros. Me dijo: “no aprobarás mi asignatura mientras yo esté en este Departamento”. Dejé su asignatura sin terminar y otra que me quedaba pendiente. Mi EGO ya apuntaba maneras y me dije “¡a la mierda!, no me hace falta el título”.

Mi compañera y amiga de promoción en Psicología Julia Sebastián, ahora profesora de la UAM, se pasó años  insistiendo en que tenía que terminar, que lo mío era una locura. En un momento de insistencia suyo decidí terminar, y así lo hice.

Algunos de mis amigos, también mi profe de Taichi, y otros, etc. me decían: “Tendrías que hacer Gestalt”. Y por obra de la Providencia, no de mi conciencia que era únicamente de  supervivencia por entonces, me puse a buscar escuela. Estuve en dos y nada, no me gustaban. Entonces probé la tercera de la lista.

Era la EMTG. Entré en la Corredera Baja de San Pablo por primera vez y ¡adivinad! ¿Con quién me encontré? Con una de las personas más auténticas y verdaderas que he conocido en esta vida: Susana Jiménez. Me enamoró completamente, así que pedí la entrevista, y ahí empezó todo.

En la Formación cada fin de semana que estaba de Taller, era como ir a la mina, acababa agotada pero me enganchó. Y así fui conociendo a las personas que permitieron que mi Ser se desvelara poquito a poco, con suavidad y fuerza, con mucho Amor y Reconocimiento y se produjo el milagro de sanar mi CORAZÓN.

Paco, Annie, Enrique y Águeda los cuatro habéis sido artífices de mi transformación y con los cuatro he vivido momentos CUMBRE.

Sois mis maestros de vida, habéis reparado un corazón roto y también que recuperé la fe en la humanidad; de una manera sencilla y verdadera me mostrasteis la grandeza de la vida humana. Me enseñasteis a ser mejor persona, a apoyar a los demás, a conocerme y a apoyarme en mí, en el sentido legal de la palabra, porque me hice autónoma y me habéis regalado el honor de ser parte de vuestro equipo de currantes, incluyéndome en CIPARH.

Tengo escenas con todos y cada uno de vosotros, los cuatro sois para mí Maestros de Vida y familia sana sustituta. Sé que ni viviré, ni podré hacer lo bastante para compensar todo lo que me habéis dado, por eso solo me queda Agradecer, con mayúsculas, quereros con todo mi corazón, y reconocer vuestra grandeza no solo humana, que en un mundo tan injusto como el que tenemos es para mí un milagro, sino también profesionalmente, sois muy grandes.

¡Gracias Maestros de Vida! ¡Muchas felicidades por estos 25 añazos!

 

Lola Sánchez Lebrato

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