Mi experiencia en la EMTG

Quiero compartir mi experiencia.

Siempre pensé que caí en la EMTG porque soy una mujer de suerte, no la busqué, me la mostraron y yo aproveché la oportunidad. Tampoco busqué la Gestalt, me la recomendaron y yo me lancé de lleno sin saber qué tipo de agua era esa en la que me sumergía. Hoy sé que era agua de la buena, de la que se puede beber, y de la que siempre te quedas con un poquito de sed para seguir bebiendo.

Llamé por telefono y me hizo la entrevista Paco Peñarrubia. En ese momento no era consciente de lo que significaría para mí que me admitieran en esta escuela, ni de todo lo que aprendería, ni de todas las personas verdaderas que iba a conocer y, mucho menos, que aquel día en el que me bajé en el metro Tribunal y llegué a la calle Corredera baja de San Pablo, iba a significar el principio de mi vida de adulta, lo que iba a condicionar la vida que hoy, 18 años después, estoy viviendo.

Yo venía de Sevilla, de hacer un básico donde en el grupo éramos 7 personas y antes de acabar se fueron dos más, así que nos quedamos 5 y cuando llegué a Madrid y vi a tantísima gente y todos tan leídos, tomé conciencia de que hasta ese momento yo no me había dado cuenta de dónde me metía, tan hábiles en la confrontación, con la facilidad con la que decían NO, lo poco que les costaba llamarme intrusa, nueva, hasta me llegaron a llamar Francisco, por un compañero andaluz que había estado con ellos el año anterior y que se había ido. Supongo que todo eso hizo falta para que yo espabilara y espabilé, más bien empecé a despertar del letargo de mi vida y aquí sigo, despertando cada día.

Estoy enormemente agradecida a aquel Psicólogo, Carlos, que me habló de la Gestalt para que yo perdiera la verguenza a hablar en público y a Juan Carlos Medem, por darme el telefono de la EMTG y no de otra. Y estoy enormente agradecida a cada uno de mis maestros, Paco, Agueda, Enrique, Annie, Pedro y a mis compañeros por permitirme crecer con ellos y a mis tutoras, Gloria y Charo y a mis tutorandos con los que seguí aprendiendo.

No sé si he perdido la verguenza a hablar en público, pero he aprendido a ser y a respetarme con lo que hay.

Yo siento que sigo estando en la Escuela, me sigo nutriendo de ella, primero como alumna, luego como tutora y ahora como usuaria. Hubo un tiempo de barbecho, por llamar así a aquellos años, en que acabada la formación yo no me atrevía a empezar a trabajar como terapeuta, e incluso ahí tengo que agradecer a la escuela y a Ciparh, que me contrataran unas semanas para sustituir a Susana y eso fue clave para lanzarme. Vivir en ese ambiente, terapeutas, pacientes, silencio, compartir, risas, café, agenda y eso me hizo avivar la llama que había encendido años atrás.

Así que lo único que tengo son motivos para agradecer. Me siento muy unida a esta escuela, a las personas que la componen, MAESTROS, ALUMNOS, AMIGOS, FAMILIA.

GRACIAS por guiarme y acompañarme en este camino de la VIDA.

 

Juana Ríos Cana

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