A la Gestalt lo que es de la Gestalt… Y a otros sistemas o medios de sanación, lo que les corresponde…

Al principio fue trabajar de maestro de escuela, (que no era mi vocación, sino el deseo de mi madre de que sus hij@s tuviesen un trabajo seguro, además o quizás sobre todo porque su padre también fue maestro de escuela), para ganarme el pan, vivir bajo techo, vestirme y tomarme algún cubata los fines de semana. Y ligar de vez en cuando. Pero el trabajo en la escuela, como maestro, no es fácil. Los niños y las niñas son “material muy sensible”, además de que están muy viv@s y algún@s de ell@s, sobre todo ellos,  a veces, con muchas ganas de hacer lo que les da la gana. Pocos, pero esos eran los que me complicaban la vida y mi idea de lo que tenía que hacer como maestro, que me venía dictado desde el ministerio de educación y de lo que había vivido como alumno y como hijo a lo largo de mi vida. Esta contradicción entre lo que yo creía que debían de hacer, más allá de lo impuesto por la administración  y de cómo se debían comportar, generaba en mí mucho conflicto interno y externo.  Y este conflicto me generaba mucho sufrimiento, porque soy una persona sensible.  Todo este conflicto y sufrimiento se agudizó en una época en que fumaba hachís, en pequeñas cantidades, pero casi a diario, no sé muy bien por qué, tal vez por pertenecer al grupo de amigos con los que me relacioné en esa época o por tratar de sentir intensamente, aunque lo que sintiese fuese chungo. El hachís me sentaba fatal. Me daba, generalmente,  mucha paranoia. Cuando la cosa estaba que explotaba dentro de mí, aparecieron en Algeciras, que era donde estaba trabajando, unas cuantas personas de Arcoiris,  que en ese momento, allá por la década de los 80, estaba liderada por Emilio Fiel, que entonces era “Miyo”, publicitando los famosos Maratones  y cursos que hacían en esta comunidad.

Me apunté a uno de esos Maratones, en los que utilizaban todo tipo de técnicas: gestalt, meditación, masaje catártico, vibración generaliza y catártica de Osho… En una de estas catarsis, en la relajación, me puse a llorar como una Magdalena y me di cuenta de que mi trabajo en la escuela, como maestro, me estaba matando. Literalmente.  Volví a Algeciras, y a los pocos días  fui a la delegación de Cádiz, a pedir la excedencia. ¡Menuda liberación! Durante 7 años me estuve buscando la vida y viviéndola. En Kukulkán, una comunidad satélite de Arcoiris, en un pueblo de Castellón, y en Barcelona. En uno de los Maratones, en un trabajo de estar inmovilizados sobre un colchón durante más de tres horas, tuve mi primera experiencia extra-corporal . Al cabo de casi 3 horas de estar inmovilizado, tuve un dolor muy intenso en la zona de los codos. Hubo una especie zumbido muy agudo en mis oídos, pasó ese intenso dolor  y ¡plaf!, me salí del cuerpo. Me vi ahí, tumbado, como a la distancia de un metro. Estaba en paz y lo viví como un regalo del cielo.  Después, al poco tiempo, tuve otra experiencia similar, pero esta vez meditando, centrado en el tercer ojo. Y pensé: esto sí que es un chollo. Mucho mejor que cualquier droga. Y hasta ahora…, nunca más.  Y mira que llevo horas sentándome sobre un zafú. Un regalo del cielo, me dijo Claudio N. a través de un largo cuento que nos contó en uno de los SATs, cuando yo le conté esa experiencia.

Fue  una etapa de búsqueda, de encontrarme conmigo mismo, buscando la espiritualidad, o tal vez mi alma y tratando de encontrar el sentido de la vida,  o al menos de la mía. Y de experimentar con algunos  deseos reprimidos, sobre todo en el terreno  de la sexualidad.

Al cabo de esos 7 años, recién cumplidos  los 41, me di cuenta de que ya necesitaba volver a lo del sueldo fijo como maestro, que no estaba mal, y con buenas vacaciones… No porque tuviera muchas ganas de volver a trabajar en la escuela.  La suerte es que volví a trabajar, pero en pueblos pequeños de la provincia de Ávila, con poc@s alumn@s y además, los niñ@s de pueblo, mucho más list@s que los de las grandes ciudades y mucho más san@s. Y cuando estaba ya en estas de trabajar de maestro de nuevo, un día fui a Crisol, en Arenas de San Pedro, Avila, a hacer un taller de canto y voz, con Silvia Nakach… Y cuando estaba allí, había un grupo numeroso de hombres y mujeres, bailando rumbas en una de las salas de Crisol. Me asomé disimuladamente por la ventana y vi cómo estaban disfrutando de lo lindo. Vi cómo un chico le tiraba un vaso de agua a una chica, esta lo esquivaba, y el agua se estrellaba  inocentemente contra la pared. Esta escena me dejó prendado y con ganas de vivirla . Después me enteré que era un grupo de formación en terapia Gestalt. Creo que estaban haciendo un intensivo, puede que Las 4 caras del héroe, con Paco Peñarrubia. Le pedí el teléfono de la Escuela y a los pocos días llamé y tuve mi primera entrevista con Enrique de Diego, para apuntarme a la formación.  En Ciparh me sentí desde el primer momento como en casa. Fue todo un proceso de conectar con mi sentir, con mis emociones, y relacionarme con los compañeros y compañeras de formación, de una forma más auténtica y verdadera. Y de una toma de conciencia mayor de los mecanismos neuróticos y de cómo la rabia esconde, con frecuencia, un gran dolor. Después de 7 años de terapia con un y una gestaltistas de primera línea, me apunté a mi primer  SAT con Claudio Naranjo, en 1998. En uno de esos SAT, creo que el segundo, conocí a Graciela Figueroa y su trabajo con Movimiento Expresivo. Toda una experiencia. Por fin pude vivir a tope y en mi propio cuerpo, eso que había visto en la sala de Crisol. Pude disfrutar del movimiento, eso de “Dale a tu cuerpo alegría  Macarena…, que tu cuerpo es pa darle alegría… y cosa buena”. En una de las sesiones con Graciela, me vi corriendo detrás de una chica o de varias, intentando tocarles  el culo y ellas intentado no dejarse, riéndose. Toda una experiencia. Eso sí que era divertido y sanador para mí. Hacer un poco el gamberro. Ser un poco “malo” desde el juego.  Y así me apunté a la formación de Río Abierto. Si en la EMTG encontré el contacto con mis sentimientos y emociones más profundas y la relación con l@s demás desde ahí (no he vuelto a vivir unas rondas tan serias y profundas, tan verdaderas, sobre todo las de la primer hora de la mañana, como aquella en la sala de calle León), en Río Abierto encontré la alegría que me daba moverme libremente con el cuerpo y también la salud  y buen rollo que eso me generaba. Una relación mucho más lúdica y creativa con l@s demás desde el cuerpo, que la simple comunicación verbal.

En uno de los SATs, conocí también el trabajo de Joan Garriga, que en esa época acababa de traer a Bert Hellinger a Barcelona, y que se “lanzó” a hacer el trabajo con las constelaciones en ese SAT. Tuve la primera experiencia de constelar con él y no fui muy consciente de los efectos de ese trabajo. Solamente recuerdo que le conté que mi abuela paterna se había suicidado y puso un motón de hombres detrás de mí.  Fue muchos años después, allá por el 2011, recién  jubilado de lo de maestro de escuela, cuando sentí el deseo de formarme como constelador.  En el SAT 5, también tuve la experiencia de constelar con Jorge Llanos. El asunto era la relación con mi hermano. Me pasé toda la constelación, viendo las imágenes, profundamente conmocionado y llorando. Aún, casi 8 años después, sigo  trabajando en ese asunto de la relación con mi  hermano y con mi hermana, a raíz de la muerte de mis padres y el asunto de la herencia, que todavía está ahí, en algunos aspectos, inconcluso.

En una de esas clases de la formación, en Koan psicoterapia, vino Verónica Menduiña, una consteladora del equipo de Joan, a darnos un taller de un par de tardes.  Yo estaba sentado en la primera fila, y me eligió a mí para hacer una explicación teórica de lo que es la corriente energética dentro de la rama paterna, como  ejemplo.  Así que dibujó una especie de cauce de un río y escribió el nombre de mi abuelo paterno, más abajo el de mi padre y más abajo, el mío. Y me hizo una pregunta muy simple: ¿Tú tienes hijos? Creo que nadie, hasta entonces, en ninguna sesión de terapia o taller terapeútico me había hecho esa pregunta, o al menos no lo recuerdo. Al principio no sabía qué responderle. Si decirle que sí o que no. Finalmente le dije que sí, que creía que tenía un hijo. “¿ Cómo que crees que sí?” “Sí, hace muchos años me enrollé con una mujer y me dijo que se había quedado embarazada y que iba a seguir adelante con el embarazo,  conmigo o sin mí”. “¿ Y cómo se llama este hijo?” “Creo que le puso de nombre Ramiro”. Y Verónica , dirigiéndose a los demás, les dijo: “No me digáis, la realidad supera la ficción”. Escribió el nombre de Ramiro debajo del mío y nos explicó el poco caudal que nos iba llegando a los hombres, después de que a mi abuelo paterno se le congelase el corazón, después del suicidio de su mujer. Y luego añadió: “Este hombre, ( refiriéndose a mí), está como en una nube, anda como perdido, como en una nebulosa”.  Yo me di cuenta de que ella tenía razón en lo que estaba diciendo.

Y dirigiéndose a mí, me dijo:  “Busca a este hijo. Hazte la prueba del ADN y si es tu hijo, adelante y si no lo es, a otra cosa”. “¿Estás dispuesto a buscarle?” Sí, le respondí. Ahora que estoy jubilado y tengo tiempo, lo busco. Ya Graciela Figueroa, en la formación de Río Abierto, se había enterado de que yo había dicho en uno de los trabajos , que creía que yo tenía un hijo, se “chivaron” y Graciela ya me dio un toque: “Eso del hijo es importante”, pero yo no le hice mucho caso. Yo seguí o quería seguir con el viejo pensamiento de “eché un polvo, se quedó embarazada y allá ella. Que hubiese puesto los medios”. O sea, eso de asumir mi  responsabilidad sobre ese embarazo, cero.  Aunque algo de mala conciencia sí que tenía desde que ella me pidió si quería reconocer a ese hijo y le dije que no.

Verónica me dijo: “Yo vuelvo en el mes de junio” (en ese momento estábamos en el mes de octubre). “¿ Te parece bien si cuando vuelva en Junio, lo has buscado ya?” Y le dije:“Sí. Ya me dijo Graciela Figueroa que este asunto del hijo era importante”. Y ella me respondió con mucha seriedad y contundencia:“Ramiro, importante no. ¡Es muy importante!”

Comencé la búsqueda de ese posible hijo en el mes de abril del 2013. Era como buscar una aguja en un pajar, porque sólo sabía que la madre se llamaba Rosa y vivía en Málaga, y que al hijo le había puesto, posiblemente, el nombre de Ramiro. Con la ayuda de vari@s viv@s, y  la de tres muert@s y puede que algún@s más : mi abuelo paterno, mi padre y la madre de la “criatura”, que también había fallecido, después me enteré, logré encontrarle en dos meses de búsqueda. Lo encontré, fui bien recibido por él y por su familia, gracias a que ella le habló bien de mí y de mi decisión de no reconocerle como hijo. Al cabo de un año de conocernos y relacionarnos de vez en cuando en vivo y en directo, le propuse hacernos la prueba del ADN, aceptó y sí, yo era su padre, con un 99,9 de posibilidades de que sí.  Y a partir de ahí, le reconocí legalmente como hijo, satisfaciendo la petición que la madre me había hecho 34 años antes.

Cuando Bert Hellinger vino a hacer un seminario de 4 días en Avila, la ciudad en la que vivo y he vivido la mayor parte de mi vida, en el 2015, con su esposa Sophie, y subió al escenario con sus 90 años, algo renqueante y sosteniéndose en su bastón, las cerca de 800 personas que estábamos  en el auditorio, nos pusimos de pie y rompimos en un largo y emocionado aplauso hacia él y su trabajo. Estuve ese largo tiempo de aplausos, profundamente conmovido y agradecido a este hombre, que con su trabajo me había permitido buscar a mi hijo y reconocerle. Y además, ese misma tarde, tuve la oportunidad de agradecérselo públicamente, con todo lo que esto está suponiendo en mi vida y en la de él. Me siento más hombre y más anclado a la tierra y él,  mucho más contento, energetizado y vital. Él, tomándome a mí poco a poco, y yo aprendiendo a apoyarle y  también a frustrarle cada vez que me doy cuenta cuando quiere seguir siendo un niño. Alguien que estaba excluido pasa a formar parte del sistema, visiblemente. Este es uno de los grandes hallazgos de Bert Hellinger: “cuando alguien, en un sistema familiar, es excluid@, porque se le ha olvidado, ha hecho algo reprobable, ha sido ignorado, o lo que sea, esto tiene consecuencias en el sistema familiar. Un miembro de ese sistema va a enfermar,  va a ser adict@…, señalando a esa persona excluida, hasta que este excluid@ sea  reconocid@ como parte integrante del sistema. Lo mismo que sucede a nivel personal con nuestras propias proyecciones y “los huecos” que generan en nuestra persona”.

Desde aquí, mi más  profundo agradecimiento a la EMTG, y sus terapeutas, a Claudio Naranjo, siempre en sus SATS , en sus libros, y en sus vídeos,  me llega “el sabor” de su autenticidad, su simplicidad en el hacer y su sabiduría, a Graciela Figueroa,  a Joan Garriga y Verónica Meduiña, a Bert Hellinger y a Angélica Olvera, a mi maestro  en zazén, durante más de 25 años,  Carlos Torrubias, a  mi padre, a mi madre, a mi hermano y mi hermana, a mis alumn@s, sobre todo a los que me las hicieron pasar canutas, a todos mis compañeros y compañeras de formaciones, sin los cuales todo este camino hacia mi propio deseo, mi necesidad, mi responsabilidad (responder con habilidad)  y mi Ser, no habría sido posible.

 

Ramiro García Hernández (4ª promoción).

En Avila, a 31 de enero del año 2017

2 respuestas a “A la Gestalt lo que es de la Gestalt… Y a otros sistemas o medios de sanación, lo que les corresponde…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s